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  • Apuntes para una Sociología Espirita
    Escreve: Mario A. Molfino
    Em: Maio de 1999

  • Para conocer al hombre basta estudiarse a sí mismo; para conocer a los hombres hay que vivir en medio de ellos.
    Séneca.


    El Espiritismo, como doctrina, no está divorciado de todos los aspectos que hacen a la vida social del individuo y por ende a su interpretación.

    Es evidente que toda aquella problemática de los estadios de su evolución terrena y que pertenecen al campo de la antropología, de la historia, de la economía, de la política y de la sociología no escapan a la cosmovisión espírita del hombre y su circunstancia. Esto es así porque el hombre es espíritu y materia, y como tal, se halla inserto en el mundo material en un todo de acuerdo a planes evolutivos que determinan su progreso, merced a su experiencia de vida.

    Esta, es un conjunto de hechos humanos, conductas y determinaciones con un contenido ético correspondiente al nivel de comprensión y conciencia del ser encarnado. La "vida de relación" y la "conducta social" no escapan a la consideración
    del Espiritismo, toda vez que el estudio del hombre, de su hábitat y de su conducta individual y social, dan lugar al desarrollo de una ontología y una sociología espírita.
    Contiene la Doctrina Espírita un plexo normativo, integrado por leyes morales que relacionan al hombre con Dios y con su prójimo.

    Estas Leyes son preceptos que refieren a seres libres, es decir a aquellos capaces de optar en virtud de su libre albedrío, conciencia y libertad, entre la contravención o la serena disposición a las mismas. No olvidemos que la finalidad intrínseca de la Ley es provocar un comportamiento que, en definitiva, es promovente de la evolución social. Es así que las leyes morales rigen la vida del espíritu encarnado en su
    proyección metahistórica, en el espacio y en el tiempo y como tales constituyen parámetros fundamentales para analizar el hecho social y la sociedad con una visión metafísica, en un proceso dinámico y dialéctico, por cuanto la conducta es una síntesis de comportamientos que surgen de la interacción de los factores físicos y biológicos con la realidad trascendente del espíritu y evolución.

    Todos los fenómenos de la vida de relación del hombre, de su participación como ente individual en el hecho social, las instituciones por él conformadas, la inciativa privada, los factores económicos, el bien común, son susceptibles de ser analizados a la luz de la Doctrina Espírita.

    La vida humana en su totalidad se expresa como vida individual (vivencia) o vida humana social (convivencia). El hombre no sólo existe, sino que coexiste. No sólo vive, sino que convive.
    La sociedad es un entre supraindividual , pero en conexión con nuestra existencia y coexistencia. Ella no existe independientemente de nosotros, sino con y a través de nosotros, al formar parte de ella.

    En este sentido, la sociedad es vida humana objetivada en forma de hábitos, costumbres, normas e instituciones a lo largo de generaciones. Del carácter gregario del hombre, se desprenden tres atributos inherentes al mismo:

    1. Convivencia – El ser se mantiene en forma gregaria (integrado a otros seres)
    2. Solidaridad – El hombre lucha por su vida luchando por la vida del grupo
    3. Sociabilidad – La fraternidad del grupo se amplía y se desarrolla la idea de que la especie humana es una gran familia, con origen y destino común.

    LA SOCIOLOGÍA CLÁSICA

    El estudio de la Sociología como ciencia, fundada por Augusto Comte en el siglo pasado, comienza en la consideración que la conducta de los seres humanos muestran pautas regulares y recurrentes, es decir que ciertas acciones se repiten con frecuencia. No hay una variedad infinita de comportamientos y estos aspectos reiterados constituyen la base de cualquier ciencia social. Sin pautas, no hay ciencia, ya que no se puede
    generalizar.

    La tarea de la Sociología es trabajar sobre clases de fenómenos y no sobre casos individuales. Le interesa el divorcio en particular en tanto y en cuanto se pueda discernir sobre la naturaleza del divorcio en general y su impacto en sociedad.
    La sociología va de lo particular a lo general, afirmando que no obstante las pautas heredadas de conducta y las características anatómicas, psicológicas y fisiológicas, los individuos adquieren personalidad en la interacción social y se convierten en personas en lugar de meros organismos biológicos.

    Ninguna persona puede escapar en el transcurso de su vida a la influencia de la cultura y de la sociedad, porque la cultura aparece incorporada a la personalidad en las respuestas, los valores, actitudes, etc. Esta interacción individuo-sociedad, es un tópico que preocupa a no pocos pensadores, en virtud que la respuesta a este interrogante tiene profundas implicancias morales, ya que es en definitiva, el rol del espíritu encarnado en el grupo humano.

    LA SOCIOLOGÍA Y EL CONCEPTO DEL HOMBRE

    El punto de partida de este análisis sociológico es la concepción del hombre. Nuestra época ha heredado el interrogante fundamental, la pregunta raigal acerca de la índole humana.
    Aquella última pregunta de Kant, en 1789: Que es el Hombre?, que dio nacimiento a la antropología filosófica, adquiere hoy una dimensión fundamental.

    Es el hombre solo materia, un quantum energético o todo en él es
    absolutamente imperecedero? La respuesta, que la perspectiva religiosa satisfizo a su manera, es requerida hoy por el saber científico y filosófico como un desafío.

    El hombre, siempre postergado por el hombre, aguarda la respuesta final acerca de su propia índole.
    Karl Manheim observaba que así como históricamente los mas profundos sentimientos de angustia del hombre primitivo tenían su origen en su dificultad para calcular las fuerzas de la naturaleza, para él ininteligibles e inexplicables, el hombre contemporáneo, al no lograr calcular y predecir las fuerzas que obran en el sistema social en el que vive, y que es intrínsecamente mutante, se siente invadido por fuerzas
    análogas.

    Por consiguiente, esta sensación produce en el hombre una pérdida de autonomía y de seguridad en si mismo, y suscita un sentimiento de inseguridad y de pérdida de la responsabilidad, determinando conductas sociales que generan, entre otros fenómenos, la necesidad de protección y amparo en torno a un líder, a sectas, a dogmatismos religiosos o como contrapartida el nihilismo mas exacerbado.

    Este fenómeno de masificación de la voluntad, tan bien descripto por Ortega y Gasset, en su obra "La rebelión de las masas", es lo que también Heidegger llamaba "plegarse a lo que se hace, a lo que se piensa, a lo que se siente".

    HACIA UNA SOCIOLOGÍA ESPÍRITA

    La Dctrina Epírita, desde la Ciencia y la Filosofía, afirma con certeza que el hombre es un espíritu encarnado, con numerosas experiencias de vida, que en virtud de sus actos morales construye su presente y proyecta su futuro, en la profunda convicción de que en su propia superación y progreso determina y promueve una sociedad mas justa.

    Con este concepto integral del ser, es como podemos esbozar los
    lineamientos de una Sociología espírita, al examinar la conducta del hombre, sus tendencias y sus posibilidades de cooperación en la vida social. Para establecer las causas ulteriores de los conflictos sociales y diseñar los sistemas de convivencia mas aptos para el desarrollo social y político de las comunidades, la sociología clásica utiliza métodos de exploración que detectan aspectos superficiales, de la epidermis del hecho social, pero incapaces de llegar a las causas determinantes que lo originan.

    Es en la íntima naturaleza del espíritu donde debe indagarse, a fin de hallar la clave del Bien Común y no en los aconteceres externos que esa misma causa provoca. Una sociología espírita, como la esbozaron pensadores de la talla de Deolindo Amorim, Manuel Porteiro y Humberto Mariotti, debe tener la pretensión de abarcar al hombre desde su manifestación física, biológica y
    social, sin perder de vista su perspectiva espiritual, inmaterial y atemporal, que determina la génesis de sus tendencias, inclinaciones que en definitiva, condicionarán su conducta social.

    El Espiritismo tiene un destino social y una necesidad de proyección en la humanidad, por cuanto es una síntesis de conocimiento científico y filosófico y como tal, aspira a examinar todos los hechos sociales, so pena de fragmentar su carácter universal.

    Para la filosofía espírita, el destino del hombre y el de la sociedad se interpenetran y se relacionan, dando origen al proceso evolutivo de las naciones y del planeta. Por lo tanto, todas las cuestiones que agitan y angustian al hombre contemporáneo deben interpretarse a la luz del pensamiento Kardeciano y a través de una Sociología espírita con el aporte inédito de la realidad reencarnatoria del espíritu.

    Rafaela, 20 de mayo de 1999.

    Mario A. Molfino é advogado, ex-secretário Administrativo da Confederação Espírita Pan-Americana e diretor-geral do Conjunto Diretivo da Sociedad Espiritismo Verdadero, de Rafaela, Santa Fé, Argentina.